Carta abierta a la familia del Campus

¡Hola, equipo!

Sí, ayer fue mi cumpleaños. He cumplido 34 años de los cuales 20 me he dedicado exclusivamente al baloncesto, aunque también a otros aspectos de la vida por inquietud y necesidad. Sé que siempre lo he dado todo, me he abierto completamente y he dejado en cada cosa una parte de mí que luego he echado de menos o no.

Una de esas cosas son las actividades que dirijo en verano. Podría decir el campus, así como mi vida misma porque realmente lo que mejor lo define es eso; mi “yo”. Y esta locura requería, se merecía, lo necesitaba… parar y escribir todos los sentimientos o los máximos posibles que me (nos) genera esa vida.

Es difícil describir algo literalmente si no lo has vivido porque seguramente no se pueda representar tan bien. Pero lo que se siente, después de estar todo el día trabajando por la formación, diversión y educación de los niños y niñas es placer, seguridad, satisfacción y emoción. Indescriptible. Agotador, pero muy satisfactorio. Pues así me siento yo antes, durante y después de rodearme de esta vida.

Antes estaba demasiado pendiente de que los horarios se cumplan, de la estructura del día, de que el material este preparado, de que las líneas del campo estén bien hechas… y ahora, aunque sigo así, -porque eso va conmigo- le doy mucha más importancia al corazón de esos niños y niñas, a escucharlos (quizá lo más importante). Aprender a que el hecho de escuchar ya no solo se basa en una cuestión física, sino a escuchar sus gestos, sus ojos, a dejarles expresarse de cualquier manera que elijan porque su elección siempre es la mejor. Y ahí, justo ahí, ocurre la magia.

Esos niños y niñas y sus ganas de vivir, aprender, escuchar, querer… eso es lo que hace tan feliz la relación que tengo con cada uno de ellos y ellas. Sus historias, sus sueños, sus ganas, sus familias… todo eso que me dan es lo más sincero y único del mundo para mí.

En el Campus María Pina los niños hacen de todo: aprenden a organizarse, a cuidarse, a animarse, a jugar en equipo, aprenden baloncesto, mucho baloncesto, empiezan a escuchar el porqué, les hacemos pensar -porque un jugador tiene que pensar, no solo esforzarse físicamente en un hecho demasiado injusto-, expresan sentimientos, cantan, bailan, hacen otros deportes, aprenden a ser solidarios, a que sin esfuerzo no se consiguen las cosas, a respetar, respetar su trabajo primero y el nuestro, aprenden a jugar con todo tipo de personas al lado, hablamos de jugadoras de baloncesto, competimos… y lo que más me gusta y lo que más orgullosa me siento: el trabajo para normalizar la INCLUSIÓN, tanto en el deporte como en la vida.

Amo como con tan poco podemos ser tan felices, amo ver cómo se ayudan todos, cómo todo el mundo es tan feliz, cómo aceptamos que “TODOS SOMOS IGUAL DE DIFERENTES”. Esto me llena, lo queremos seguir haciendo, queremos seguir aprendiendo. Avanzar juntos.

Y, detrás de este equipo de grandes profesionales que forman el campus, hay un equipo de excepcionales personas. Quiero hablar de David Soler. Una persona maravillosa, un amigo, un lugar donde siempre encuentro paz, respuestas, ayuda, amor. Tengo tantas cosas que agradecerte, tantos abrazos, es tan fuerte lo que me enseñas y me llenas, que solo me sale darte las gracias de corazón.

Turno para Quique Orts. Qué pacienciaaaaaaaaaaaaaa 😊 Ya son muchos años juntos y cada año, mejor; con más complicidad, facilidades, cariño…Muchas gracias por hacernos crecer de esa manera, por siempre estar conmigo, siempre disponible, siempre responder con un ‘sí’ a cualquier propuesta. No nos dejes nunca.

Ahora, mis entrenadores. Joan Matoses, Sofia y Natalia, muchas gracias por abrir vuestra vida y compartirla con todos nosotros, por hacernos mejores. Quiero hablar de Dani que ha sido jugador del campus y ahora es entrenador porque es tan buena persona y así quiero que sea con los niños, enhorabuena por tu gran papel. Quiero hablar de Patricia Garrido y Paula Giner. Ellas también han sido jugadoras del campus y ahora son entrenadoras, pero es que son como mis hermanitas, mis “operarias”, mis personas de confianza. Me conocen tanto y nos reímos tanto juntas que me las llevaría siempre a todas las partes.

Ahora es turno de hablar de “patrocinadores” y, a la vez, amigos que nos han ayudado en esta aventura y que sé que del plano profesional ya hemos pasado al personal para tenernos para el resto de nuestras vidas. Del equipazo de TEIKA (Puri y Nicolás) de Toni Mengod y Héctor, de Raúl, de Mateu… ¡Muchas gracias por enseñarme tantas cosas y hacer todo esto posible!

Luego quiero hablar de las personas que me han ayudado a renacer, que creen en mí, que me apoyan, que me quieren ahora y me han querido cuando he estado en bajo 0 y no me han dejado de lado. Aquellos que han estado en las buenas, pero, sobre todo, en las malas. Mi amigo Toni, mis amigas Tot, la china, Yolis, María Firias, Anna y por supuesto, MI FAMILIA: mi hermano, mi padre, mi madre y mi sol.

Muchas gracias a los niños y niñas y a sus familias porque después de esta temporada tan dura me han llenado de ilusión, de ganas, de motivos para seguir aun más fuerte. Yo por mi parte lo haré; seguiré. Mi equipo seguirá mejorando para que vuestra experiencia sea cada año más completa y feliz.

Y ahora… ¡¡¡¡¡A TENERIFE!!!!!

Os quiero mucho,

María Pina

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